
La tele está prendida y cada uno la digiere como quiere. La mesa está servida para los televidentes
El caos concentrado en un envase negociable es mucho más saludable.
Esperando a que alguien me escuche, que alguien me salve "Salve el rey control" remoto del orto y el mundo sólo gira si voy de un canal al otro.
"Salve el rey" control remoto y el mundo que me yira, yira. Así brotan los sueños, los sueños descartables de tener una goma y algún chango alucinante, de pronto pantallazo: Cambio de canal quiero comprar y hay que llamar ya!
Los reclames me recuerdan que la vida la puedo comprar con visa: Tres pagos, cuarenta cuotas y así me endeudo hasta las pelotas.
Pero no me importa porque me compré una tele que es hermosa, y es grandota.
¿Y saben qué? Es mi mejor mascota.
(O quizás los roles estén cambiados la mascota sos vos, vos sos un tarado)
Sintonizo y me hipnotizo con los chismes del ambiente: Que Claudia se casó y encima tuvo un nene con el co-protagonista del culebrón. Y hoy son la parejita del mes, ya lo ves.
Nadie está a salvo de tanta pavada, siempre hay un culo, un discurso, una cara.
Mentiras para vender y hasta que el mundo reviente habrá glamour y violencia.
Les importa más fingir que ser auténticos, domesticar. Ser todos idénticos, para gastar por gastar. Para participar de la puta vida intrusa de saber de los demás.
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